Fano, #YoMeQuedoEnCasa

Esta oración de Monseñor Giussepe, Obispo de Nocera Inferiore, en Samo, Italia, puede servirnos de inspiración para llevar esta cuarentena.  Fano la acompaña con un dibujo al que podemos añadir los detalles que se nos ocurran.  Y, como siempre, podemos enviar las obras de arte a cadican@cadican.org para compartirlas con toda la comunidad. 

¡Yo me quedo en casa, Señor!  Y caigo en la cuenta de que también esto me lo enseñaste Tú, viviendo, obediente al Padre, durante treinta años, en la casa de Nazaret, esperando la misión. 

¡Yo me quedo en casa, Señor! Y en la carpintería de José, tu custodio y el mío, aprendiendo a trabajar, a obedecer, para lijar las asperezas de la vida y preparar una obra de arte para Ti. 

¡Yo me quedo en casa, Señor!  Y sé que no estoy solo porque María, como cada madre, está ahí detrás haciendo las tareas de casa y preparando la comida para nosotros, todos familia de Dios. 

¡Yo me quedo en casa, Señor!  Y responsablemente lo hago por mi bien, por la salud de mi ciudad, de mis seres queridos, y por el bien de mi hermano, el que Tú has puesto a mi lado, pidiéndome que vele por él en el jardín de la vida. 

¡Yo me quedo en casa, Señor!  Y en el silencio de Nazaret trato de orar, de leer, de estudiar, de meditar, y de ser útil con pequeños trabajos para hacer más bella y acogedora nuestra casa. 

¡Yo me quedo en casa, Señor!  Y por la mañana te doy gracias por el nuevo día que me concedes, tratando de no estropearlo, de acogerlo con asombro, como un regalo y una sorpresa de Pascua. 

¡Yo me quedo en casa, Señor!  Y a medio día recibiré de nuevo el saludo del Ángel, me haré siervo por amor, en Comunión contigo que te hiciste carne para habitar en medio de nosotros; y, cansado por el viaje, Te encontraré sediento junto al pozo de Jacob, y ávido de amor sobre la Cruz. 

¡Yo me quedo en casa, Señor!  Y, si al atardecer me atenaza un poco de melancolía, te invocaré como los discípulos de Emaús:  Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída

¡Yo me quedo en casa, Señor!  Y en la noche, en comunión orante con tantos enfermos y personas solas, esperaré la aurora para volver a cantar tu misericordia y decir a todos que, en las tempestades, Tú eres mi refugio.

¡Yo me quedo en casa, Señor! Y no me siento solo y abandonado porque Tú me dijiste:  Yo estoy con vosotros todos los días.  Sí, y sobre todo en estos días de desamparo, Señor, en los que, si mi presencia no será necesaria, alcanzaré a todos con las únicas alas de la plegaria. 

Amén.       

 

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